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Terra
La Coctelera

4-7

Journal 4
The night is young, brown, sage.

The night is old.

Journal 5.
My gift got lost in the cold nightening of dawn. My only gift, the only one I had to give, now is only given, now is not received by soft hands. Over this awakening I ponder as one condemned to dream of awakening.

Journal 6
Cargado concibo nueces, por nuca vil vil, sed amorfa entre sedas pasa, instrumento de nueces, sed vil vil, mañana cedo, cargado de sed concibo cargos, carton con claros, grishambre cuelgo, nunca concedido, grisalla concibo entre nueces tú, villano vil vil.

Journal 7
From frem black strue, anded mosartforsicle, cuem bandalanda mint, ment tordimeg haw dwoo clalk.

Rue (11 Nov)

In my defense: i was just following a hunch and I wanted to pet that hunch.

Thurs, 11 Aug., 7:50 AM

Have slept ten nights in one night. Have unmade and remade myself a thousand times, repeating the same process. Have invented, this very night, a factory line of new selves; perhaps identical, but each one made with care or, at least, with desire...
Still unable to believe, to cope with this new happiness.

Berceuse (fragmento)

Últimos trinos de un preludio de Rachmaninoff. Desde la mesita de noche en el rincón oscuro, dos voces. Una, desde algo encima de la mesa, al lado de la lámpara, recita tres sílabas, contralto. Otra voz, debajo de la mesa, responde con las mismas tres sílabas, barítono. Dos octavas: sol sostenido, sol sostenido. Terror.

Fantasmagoria de lo real

I.

Cada movimiento tiene dos movimientos. El uno es el movimiento simple; el otro es algo muerto que moviéndose se convierte en algo vivo. El movimiento y su sombra – muerto, naturalmente – pues si algo vive es porque procede de algo muerto y viceversa. Bajo su propia sombra cada movimiento adquiere un énfasis exagerado, una angulosidad molestosa. Éstos en movimiento delante de mí tienen algo de monstruosos, una monstruosidad que no les va nada mal.
A ella, en un momento fijo, la capto como una niña de doce años. A ella misma, en otro momento, poco después, la capto como una vieja de sesenta años. Cada cual es cada cual.

II.

Para entrar a la ciudad subterránea hay que levantar la tapa del kilómetro cero de la ciudad. Uno llega por escaleras hasta abajo donde el techo, alto como en las catedrales, se enmohece en densas sombras. Familias domingueras se pasean entre los cimientos monstruosos de edificios de piedra. Aquí la gente vive, duerme, va de compras. Tienen miradas blandas y lejanas, sentimientos blandos y lejanos, sosiego, buenabundancia. Allá arriba, bajo el sol, se deslizan aún los seres de piedra.
El mar, en el atardecer, se enciende en pequeñas llamas púrpuras.

III.

Los pies son la cara al revés. Revelan lo que la cara disimula. ¿Qué es una cara sino el reflejo a medias de algo externo mezclado con la manifestación a medias de algo interno: una aproximación, un “como”? Mientras que estos, que uno trata de no ver, que al otro extremo del cuerpo permanecen apegados al suelo, adquieren algo de lo que pretendemos desechar; nos cifra, como algo que nos toma el sitio, mejor que nosotros mismos. Observen esta señora: emprendedora, profesionalísima, cara y sonrisa de mano en mano con la foto de la cara y la sonrisa. Pero fíjense en los pies: el dedo grande se le cruza obscenamente sobre el dedo pequeño – la pobre, se desploma, se desplaya –.
La cara es el símil los pies son la metáfora.

Autoretrato asimetrico

Tengo un ojo – el derecho – más grande que el otro, el izquierdo. Tengo una pierna – la izquierda – más corta que la otra, la derecha. Lo sé, pues el ruedo del pantalón se me enreda siempre en el talón izquierdo. Tengo el lado derecho de la boca torcido hacia abajo, el lado izquierdo de la boca torcido hacia arriba: mueca diestra, sonrisa siniestra. El lado derecho del cuerpo, más friolento; el lado izquierdo, más erógeno. Hoy respiro por el lado derecho de la nariz; mañana, quizás, por el izquierdo, o ambos, o ninguno.
Uso más – me dicen los simplistas – el cerebro viejo para sentir, el cerebro nuevo para pensar. No lo creo. No me considero la marioneta de un titiritero ambidextro con pretensiones progresistas. Corto lo hilos, los enredo. Con el primero –con el viejo – calculo; con el segundo – con el nuevo – padezco.
Y es que soy yo más que otra cosa y a la vez otra cosa más que yo. Más calor que frialdad y, a la vez, más frialdad que calor. Más tortura que placer y más placer que tortura. Más ojo que boca y nariz y más boca que nariz y ojo. Más oído que todos y menos oído que todos. Más enamorado que enamoradizo y más enamoradizo que enamorado. Más exacto que práctico y más práctico que exacto. Más silencio que voz, más voz que silencio. Más vida que muerte, y más muerte que vida, y más vida que muerte.
Soy dos seres desiguales que se hacen muecas para conformar una muesca. A la vez, no soy ninguno de ellos. Lo más probable es que me encuentren, no en el término medio, sino en la fisura.

Carta de introduccion

Soy viajero. Permanezco en el mismo sitio por mucho tiempo, o al mismo tiempo en muchos sitios. No hay que mover un dedo, se viaja: pasa uno por el umbral, cambia la distribucion de luces y sombras, color, temperatura: por la puerta entra un enano - se acerca - es un gigante. Aqui, soy yo; un centimetro mas alla, un desconocido.